Desde que nacemos aprendemos de todo lo que nos rodea, por ello se dice que los bebés y niños son como “esponjas”. Y es que, durante los primeros años de vida, nuestras neuronas comienzan a establecer conexiones entre ellas, y es en este período cuando el cerebro está en un estado permanente de aprendizaje.

En la infancia, es cuando el cerebro tiene su máxima capacidad para aprender y almacenar información, y es la mayor que tendremos en toda nuestra vida. Por ello, es importante que se empiece a introducir el hábito de escuchar el idioma que se quiere enseñar a nuestro hijo para que lo interiorice de forma natural.

El bebé o niño, tiene que estar expuesto a los estímulos lingüísticos habitualmente y el contacto con el nuevo idioma es eficaz cuando está presente en su rutina.

A medida que crecemos, vamos perdiendo la habilidad para aprender cualquier idioma. Cuando aprendemos nuestra lengua materna lo hacemos primero, escuchando, luego hablando, más tarde leyendo y, finalmente, escribiendo. Sin embargo, cuando aprendemos otro idioma que no es el nuestro, estudiamos a la vez las cuatro destrezas del lenguaje.

Es importante que, al menos, uno de los padres sea capaz de comunicarse regularmente con su hijo en ese segundo idioma. Por eso, es muy beneficioso que los padres vengan a las clases acompañados de sus pequeños!
Tú, aprenderás según tus necesidades y, además, serás capaz de ser tú mismo quien enseñe a tu hijo ese idioma. Tu peque, lo escuchará tanto en las clases como en casa y, poco a poco, irá aprendiendo de manera natural. ¡Aprovechad cualquier momento para practicar el nuevo idioma! 

Te ofrecemos la oportunidad de hacer actividades y ejercicios, sencillos y entretenidos que puedes realizar mientras estás junto a tu pequeño y que, a diferentes niveles, ambos aprendáis juntos. Además, es una oportunidad perfecta para que crees vínculos con tu bebé y que aumente la complicidad entre madre/padre e hijo. 

¡Ven con tu peque y compartid juntos esta experiencia!